Música

jueves, 15 de noviembre de 2018

Sonorización de un cuento


A continuación tenéis el cuento titulado "Estrellas" que sonorizaron alumnos y alumnas de 5º de Ed. Primaria. Para ello emplearon tanto instrumentos musicales (campanas, triángulo, etc.) como otros de material reciclado (botellas rellenas de arroz, palos de agua...).





Había una vez una niña llamada Laia, que siempre estaba escuchando todos los sonidos del mundo. Laia había hecho canciones con sonidos de pájaros, de ríos, de gotas de lluvia, de árboles, de copos de nieve..., pero había algo que aún no había conseguido: hacer una canción con el sonido de las estrellas. Por más que cada noche dirigía la oreja hacia el cielo, no conseguía escuchar qué sonido hacían las estrellas.


Esa noche Laia pensó que pediría ayuda a algún compañero de su escuela, a ver si con la ayuda de alguien se podía salir mejor. Así que al día siguiente, cuando llegó a la escuela, se dedicó a preguntar a sus amigos, pero parecía que ninguno tenía la solución a su problema. Hasta que un día, después de preguntar a todos sus compañeros, se cruzó con un niño muy pequeño, el iris, que se le acercó y le dijo que él sí que había escuchado el sonido que hacían las estrellas.

Laia al oír aquellas palabras se quedó parada, no se lo podía creer. ¡Había encontrado un niño que la podría ayudar! Así que, sin perder más tiempo, Laia y su nuevo amigo, el iris, se dirigieron hacia una colina que había cerca de la ciudad, donde se podían observar muy bien las estrellas e incluso casi tocarlos con las manos. Allí no llegaban los ruidos de la ciudad y había mucho silencio, y sólo de vez en cuando, se escuchaban los sonidos del bosque dormido.

Pasaron toda la tarde en el cerro, pero por más que lo intentaban no escuchaban el sonido de las estrellas. Así que decidieron volver a casa. Laia estaba muy triste, ya que pensaba que nunca escucharía el sonido de las estrellas, pero cuando empezaban a caminar para volver a casa, de repente apareció en el cielo una estrella fugaz. Entonces Martín, su compañero pequeño y vivaracho, le dijo:

- ¿Has visto esta estrella fugaz? 

- Mmmm, sí. Pero no veo que sea diferente de ninguna otra- dijo desanimada Laia. 

- ¡Pues esta estrella es muy especial! - dijo Martín. 

- ¿Por qué lo es? dijo Laia.

- Pues porque he leído que las estrellas fugaces que recorren el cielo y hacen una voltereta pueden hacer que se cumpla un deseo. ¡Podríamos pedirle que nos dejara escuchar su sonido! dijo Martín emocionado. 

- Deberíamos hacer silencio y pedir con muchas ganas de que volviera a aparecer- dijo Laia. 

- ¡Sí, es verdad! Esperamos que no sea una estrella vergonzoso y aparezca de nuevo - dijo Martín.

De repente, el cielo se iluminó como si fuera de día. Un rayo de luz lo iluminó todo, dejando boquiabiertos a los dos niños. Sin saber cómo, comenzó una lluvia de estrellas fugaces y ambos pidieron su deseo a la vez y de todo corazón. En un santiamén, escucharon un maravilloso espectáculo sonoro: parecía un concierto suave y dulce de fuegos artificiales. Entonces, Laia abrió una botella de vidrio para guardar dentro todos estos sonidos.

Laia había cumplido su sueño: escuchar el sonido de las estrellas y además, había ganado un amigo, Martín. Ambos se fueron a casa contentos y con muchas ganas de explicar y enseñar a los padres lo que habían visto y oído en la colina. Al llegar a casa, Laia abrió la botella, que estaba llena de música de las estrellas, y soltó un poco de sonido. La madre, al escuchar aquel sonido, se quedó boquiabierta, y les dijo a ambos: 

- Podría llevar esta botella en la escuela para que los otros niños y niñas, hombres y mujeres escuchen este sonido tan precioso y lo conozcan. ¿Qué os parece? 

- ¡De acuerdo! Así todo el mundo lo conocerá y se podrá imaginar muchas cosas mientras escucha este sonido. 

Al día siguiente siguiente los dos niños llevaron la botella al colegio y toda la clase pudo escuchar los sonidos de las estrellas.

Ese día los alumnos habían aprendido que la música es tan maravillosa y mágica que nos deja explicar todo lo que no podemos decir con las palabras, nos permite compartir con el resto de seres humanos nuestras emociones y sentimientos más profundos. ¡Cuento contado, cuento acabado!

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